lunes 18 de enero de 2010

El estado del mundo en 2010

Haciendo honor al atlas anual de economía y relaciones internacionales recientemente editado para el presente año, “El estado del mundo en 2010” (Akal), el infrarrojo ha creído necesario recoger en esta entrada algunos de los asuntos que han acaparado las noticias en los últimos tiempos, así como cuestiones de interés vital que marcarán el principio de esta nueva década del siglo XXI.

2010 ha despertado súbitamente con una nueva catástrofe humana, que no humanitaria: el terremoto de Haití, que se ha cobrado la vida de miles y miles de personas. El hecho de que la cifra sea incalculable es común a cualquier suceso de tal magnitud. Sin embargo, la volatilidad de su precisión sí que parece ser un elemento intrínseco de la falta de recursos de un pueblo sometido a la pobreza durante años en Centroamérica. Hace unos años leí un libro titulado: “Retrato de una ciudad en crisis: la sociedad limeña ante el movimiento sísmico de 1746”, del historiador Pablo Emilio Pérez-Mallaina Bueno (CSIC-EEHA/2001), en el que, a través del análisis de las consecuencias provocadas por una catástrofe de la misma naturaleza, se conseguían destapar algunas cuestiones clave sobre el funcionamiento de la sociedad antes del terremoto. Las conclusiones apuntaban a una brutal dependencia sobre las antiguas estructuras dominantes: el virreinato, la Iglesia, y el inmovilismo social de la clase dirigente. La falta de recursos al llegar la tragedia provocó el cuestionamiento de aspectos básicos como la seguridad, la construcción de viviendas, la eficacia de las comunicaciones, el abastecimiento, etc. Parece ser que el caso de Haití -el “ojo” de la mirada internacional apunta hacia los mismos interrogantes- por mucho que dentro de unos meses la prensa y los medios en general dejen de prestar la suficiente atención al proceso de reconstrucción del país, apunta a las mismas consideraciones, que saldrán a la luz, lamentablemente, de entre los escombros y los cadáveres. En efecto, cabe una reconsideración trágica de la dependencia que tienen los países del “Tercer Mundo”. Y esto nos lleva, aparte de a la clásica referencia al imperialismo norteamericano, al análisis de un continente tradicionalmente expoliado por las grandes potencias, África.

Fuente:http://tallerderadio.blogia.com/upload/20090203132216-mundo-guerra.jpg


En el “continente olvidado” venimos observando la penetración de los nuevos poderes emergentes, en especial China, que desde principios de siglo ha entrado en la carrera por la explotación de los recursos naturales del continente (sólo hay que echar un vistazo al negocio del coltán), entrando en competencia con los antiguos poderes imperialistas, financiando guerrillas y apoyando a regímenes dictatoriales, a través de la vía diplomática y de los acuerdos comerciales. Esto, añadido además a las tradicionales cuestiones ecológicas como la desertización, que ha alcanzado su punto más crítico durante los últimos años, hace que la sostenibilidad e independencia del continente se vuelve cada vez más difícil.

Antes de cerrar el pasado 2009 la opinión pública española pudo sentir en sus propias carnes la difícil realidad del desbarajuste de Somalia, país en guerra desde 1991, y uno de los mayores fracasos de la historia de la injerencia occidental, en especial de los Estados Unidos: el secuestro del Alakrana durante 47 días entre octubre y noviembre del año pasado puso en un serio apuro a la diplomacia española, que tuvo que pagar en plena crisis la cuantiosa suma de 4 millones de dólares en una operación de rescate en la que no faltaron tiroteos y heridos varios. No es de extrañar que ahora que el presidente Zapatero asume la presidencia rotativa de la Unión Europea, haya decidido convocar una Segunda Conferencia para la cuestión somalí. Es probable que ésta sólo se centre en la adopción de un paquete de medidas destinadas a proteger las costas del “cuerno de África”, que es donde realmente está el negocio pesquero y petrolero de las potencias imperialistas. En este caso, cabe replantearse también la cuestión de la piratería como una de las consecuencias de la mala gestión del conflicto por parte de la órbita occidental, y reconocer a la vez que muchos de estos piratas luchan tan sólo contra el continuo y persistente expolio de atún y marisco que llevan a cabo los buques extranjeros.

No muy lejos de la zona, han cobrado protagonismo últimamente las recientes alianzas energéticas entre los líderes Gaddafi y Berlusconi, así como sus acuerdos de lucha contra la inmigración ilegal africana, que siguen permitiendo los abusos y las torturas en las cárceles libias. Resulta curioso observar la trayectoria del militar desde que llegó al poder el 1 de septiembre de 1969: desde los coqueteos con Nasser y las ideas socialistas, su política antiestadounidense y su proclamado “panafricanismo”, hasta su vertiente más diplomática y menos revolucionaria, que ha acabado situándolo en la órbita del chantaje neoliberal.

El 2010 ha visto nacer otro enemigo de los Estados Unidos: Yemen. El atentado frustrado del vuelo procedente de Amsterdam-Detroit, reivindicado por Al-Qaida, no ha hecho sino que poner en el punto de mira a la oposición separatista de Yemen del sur, que se ha manifestado recientemente en contra de estas acusaciones vinculadas a las células terroristas de Llamazares (perdón, de Bin Laden), o de quién responda detrás de cada una de ellas. Es bien sabida la autonomía de las mismas y su fácil dispersión logística y financiera. Los servicios de inteligencia norteamericanos no han tardado en encontrar una excusa: los presos yemeníes liberados de Guantánamo han vuelto a organizarse en el seno de estas células del terror, por lo que cabe reforzar la seguridad en la zona. ¿Qué significa esto? Habrá problemas para cerrar Guantánamo. Y si no, tiempo al tiempo... Eso sí, tenemos al Premio Nobel de la Paz en el gobierno del “Destino Manifiesto”. Que por cierto, no se ha cortado en enviar 30.000 soldados más a Afganistán para reforzar la “misión” del ISAF.

En América Latina, se augura un futuro difuso a Hugo Chávez, que cuenta con una oposición muy importante, sobre todo en el espacio universitario, y una larga prosperidad al reciente segundo mandato de Evo Morales, que desde el 2005 está llevando una de las reformas más importantes de la política suramericana de los últimos tiempos.

En Oriente Medio la situación no va a cambiar mucho: Netanyahu se debate entre la siempre comprometida relación con su aliado norteamericano y la “amenaza” que representa el programa nuclear iraní, mientras sigue su política de asentamientos cuando más le conviene. El 2009 se recordará también por entrar en un momento de máxima tensión en el conflicto palestino-israelí, que acabó con la tregua de enero entre Hamás y el ejército sionista.

El año gris del fracaso de la cumbre Copenhague, de la decepción pública del primer año de la era Obama, abre las puertas a una nueva década plagada de incertidumbres. El infrarrojo estará examinándolas, fomentando el espíritu de la lucha por las causas que crea que merecen la pena.

Hasta pronto compañeros.

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